El lactato (o ácido láctico) es un compuesto que se genera como consecuencia del metabolismo anaeróbico de la glucosa.
Mientras permanecemos en nuestro régimen aeróbico, con mayor aporte de grasas, el lactato no aumenta significativamente en sangre y se mantiene por debajo de 2 mmol/l (milimoles por litro). Cuando la energía de la vía aeróbica ya no es suficiente, el organismo tira cada vez más de la glucosa —con más aporte de glucógeno que de grasas— por la vía anaeróbica, y la concentración de lactato aumenta de forma exponencial.
La primera descripción de un umbral de lactato data de 1930, a cargo de W. Harding Owles, y por eso se llamó «punto de Owles». En 1964, Wasserman y McIlroy propusieron el término «umbral anaeróbico», convencidos de que el lactato se acumulaba por la falta de oxígeno en el músculo. En 1976, Mader y sus colaboradores fijaron ese umbral en los 4 mmol/l de lactato en sangre.
A partir de 4 mmol/l la pendiente de la curva aumenta bruscamente, y una concentración de 20 mmol/l o más indica que la fatiga está cerca, por una serie de cambios dentro del músculo y en la sangre.